miércoles, 8 de octubre de 2014

Diario de un apocalipsis zombie–Miércoles, 21 de diciembre de 2011


No sé si se trataría del frío característico de esta época del año o simplemente del pesar que roba toda clase de calor a mi ya curtido corazón, pero esa mañana un escalofrío recorrió toda mi médula de punta a punta y me estremecí entre las sábanas angustiado. Es como si supiera, curiosamente, antes de empezar el día lo que me iba a suceder en el transcurso del mismo. No soy un vidente con un tercer ojo y la asombrosa facultad de ver los días venideros, pero, ¿quién no ha tenido corazonadas que luego resultaban acertadas?

Una vez terminé de abrir los ojos y logré despegarme de las garras de mi cálido catre salté con millones de pensamientos rondando mi cabeza. Esa noche apenas pude dormir con el peso de cincuenta mil almas que habían perdido para siempre su función de toma de decisiones. Y así era. La culpa no recaía directamente en mí ya que yo simplemente acepté formar parte del proyecto, pero igualmente cincuenta mil personas pesan mucho en los hombros aún repartiendo el peso entre unos cuantos.

Con unas marcadas ojeras más típicas del bueno de Jacobo que de cualquier otra persona que pueble la faz de la Tierra, me dirigí a mi puesto de trabajo un día más, con la cabeza igual de baja que todos los días que antecedieron a este. Allí mismo el propio Jacobo, con su camisa perenne y una camiseta que apenas pude leer, me aguardaba para cederme el turno. Había dejado todo recogido y tenía las llaves de su coche en la mano izquierda y una chaqueta descansando sobre el antebrazo derecho. Su cara al verme fue de asombro, imagino que porque me estaría reconociendo como uno de los suyos. Un espantapájaros holgazán del planeta de las ojeras.

- Pareces cansado, ¿una noche larga? – me espetó en un tono que pretendía ser amistoso aunque fuertemente caracterizado por su habitual dejadez.

- No, para nada. He estado toda la noche en mi casa intentando dormir pero me ha sido imposible – le respondí – no he conseguido dormir nada en absoluto. ¿Tú ahora consigues dormir de corrido al llegar a tu casa?

- No suelo dormir mucho – dijo, aunque yo creo que esa información era tan obvia que podría habérsela ahorrado – pero a decir verdad lo poco que duermo lo hago como un niño pequeño. ¿No duermes de lujo sabiendo la cantidad de pasta que nos dan estos tipejos?

Este último comentario me caló un poco hondo. ¿Y la moral de Jacobo? ¿En qué profundo agujero se había escondido? Pensaba que por lo menos alguien más compartiría mi cargo de conciencia, pero parece ser que el dinero es como una venda que te cierra los ojos ante lo que te rodea e igualmente sigues corriendo como si de un caballo asustado se tratara.
Miré a Jacobo unos segundos más a los ojos esperando que se tratara de una broma, pero no resultó ser así. Finalmente lo despaché con un seco «buenos días, Jacobo» y me senté en mi silla a la espera de que otro día sombrío transcurriera sin llamar mucho la atención.

Pero ese día iba a ser bien distinto. Tras una aburrida mañana de control y evaluación de los potentes equipos de Odigos algo nuevo irrumpió en mi monótona rutina. Tres golpes de nudillo en mi puerta de cristal. Sorprendido ante este desconocido evento, ya que para mí era completamente nuevo en todo el tiempo que llevaba allí que alguien golpeara la puerta, giré la cabeza para ver de quién se podía tratar. Acostumbrado a estar toda la jornada en una total y silenciosamente fantasmagórica soledad lo único que podía esperar es que se tratara de Jacobo volviendo a por algún objeto que se hubiera olvidado. Pero no era así.

Se trataba de Alejandra, una doctora que trabajaba en la producción de la vacuna. De unos 40 años, con apenas pocas arrugas de expresión y una cara de profesional que se la pisaba. En ese momento desconocía cualquier tipo de información más acerca de ella, pero allí estaba, con su pelo castaño oscuro recogido en una simpática coleta y sus ojos color azabache, muy seria ella, mirándome con una mueca algo torcida. Quién sabe, a lo mejor abriendo esa puerta la propia Alejandra me brindaría algo más de información sobre ella. Sabiendo que no tenía nada que perder y sin vacilar un sólo momento me levanté raudo de la silla dispuesto a abrirle la puerta a esa quebrada mirada para descifrar qué ocultaba.

- Hola, ¿qué hay? – me soltó nada más abrir la puerta.

- Muy buenas, ¿qué deseas?

- Acompáñame, vamos a un sitio a tomar algo mientras tratamos un asunto – me respondió directamente. Respuesta que me hizo girar la cabeza para echar un vistazo general al equipo con la intención de comprobar si en ese momento podía permitirme el lujo de abandonarlo a su suerte durante unas horas. Efectivamente sí era así, todo estaba en orden. Giré la cabeza de nuevo y cogiendo mi identificador y mi tarjeta magnética de la mesa que yacía justo a mi lado, indiqué a la misteriosa doctora con un gesto de mi cabeza que fuéramos saliendo.

Una vez abandonamos el edificio quise averiguar cuál eran las intenciones de esta mujer. Quería saber de qué clase de cosas teníamos que hablar ella y yo.

- Si no te importa te lo diré una vez lleguemos. No es buena idea hablar al aire libre de esto – me contestó sin ni mirarme tan siquiera. Su mirada seguía fija en la dirección hacia la que avanzábamos.

Inquieto caminé a su lado un largo trecho en un sepulcral silencio. No me atreví a volver a dirigirle la palabra. Atravesamos varias calles. No podía evitar mirar a todos lados para intentar observar si nos seguía alguien o no. A decir verdad, era difícil determinarlo ya que cualquier persona que anduviera por nuestras cercanías nos podría estar siguiendo pero realmente no aparentaban estar haciéndolo.

Finalmente, pasada la plaza de la Merced, unas calles más hacia el norte y en un callejón que se extendía hacia el este unos pocos metros, encontramos un bar. Bastante escondido, la verdad. Se trataba de un bar típico de Málaga de gambitas y cerveza. No era en absoluto un bar de copas exclusivamente. Accedimos a su interior y nada más entrar el cuello del camarero, como un firme resorte, se estiró rápidamente dirigiéndonos una fría y controladora mirada a ambos. La doctora se acercó a la barra y tuvo una conversación con el oído del mozo. Apenas tuvo que susurrar ya que el sonido de un partido de fútbol sobrecargaba el ambiente haciendo que para una simple conversación a escasos centímetros hubiera que volcar toda la atención posible y desgastarse el tímpano con tal de poder seguirle el hilo. Los hombres sentados en la barra alrededor del camarero y de ella, obviamente no escucharon nada. Tras un corto diálogo, el camarero estiró el brazo y agarró una llave que tenía a un lado colgando de una alcayata en la pared. Salió de la barra y se dirigió a una espesa puerta de cristal que había al fondo del bar. Se trataba de una zona VIP que, a saber cómo, mi colega la doctora había conseguido para nosotros solos.

Una vez dentro tomamos asiento en la única mesa que habitaba el reservado. Ambos nos sentamos de espaldas a la cristalera a petición expresa de Alejandra y el camarero rápidamente nos tomó nota.

- ¿Qué van a tomar?

- Yo tomaré una copa de ginebra con limón, pero no me lo cargues más de tres dedos que ya sabes que tengo que trabajar – comentó ella, a lo que acto seguido acompañó una sonrisa de complicidad compartida por el camarero. Esto ya me hizo sospechar algo. – y mi amigo tomará…

- Yo un whisky con hielo – me aventuré. Sabía que esto no era como las reuniones con Fede, aquí no tenía ningún miedo por hablar más de la cuenta, ya que ambos estábamos metidos en el ajo.

Tras el protocolo, el camarero abandonó la cristalera asegurándose de que la puerta estuviera bien cerrada. Pensé en quitarme la chaqueta y la bufanda pero aún dentro del local, el frío calaba hondo en mis huesos así que retuve mi gesto y volví a sentarme bien. Asombrado por el aislamiento que ofrecía aquella habitación miré a la doctora a los ojos esperando a que de una vez por todas me diera una explicación. Y parece que lo conseguí.

- El camarero está metido también en todo esto, no tienes de qué preocuparte. De hecho, esta habitación la mandó hacer para nuestra gente.

- Ah, está bien saberlo. Y, ¿para qué me has traído aquí? – le pregunté, algo asustado ante lo que pudiera salir de sus labios en forma de respuesta.

- Verás, sé que únicamente conocemos nuestros nombres y no sabemos nada más el uno del otro, pero al igual que tú, no conozco a nadie más del edificio. Supongo que para ellos, cuanto menos relación tengamos entre nosotros mejor, pero yo necesitaba hablar esto con alguien.

- No tienes de que preocuparte. Me alegro de estar manteniendo esta conversación contigo. Y bien, ¿de qué se trata? – le insistí. Parecía que iba a tener que sacarle la información con un sacacorchos.

- Pues, verás, es difícil decirlo. Soy bióloga y mi misión en Odigos es producir las mezclas para las vacunas. Imagino que para ti también todo esto será igual de macabro que para mí – me dijo, cosa que me alegró tras haber oído esa misma mañana la opinión de la moral de Jacobo sobre todo esto – Sin duda lo es. Pero además de la cuestionable moral del asunto, tengo una preocupación añadida con todo esto. He estado estudiando la composición de la dichosa vacuna.

- Escalofriante, me imagino.

- Pues sí, un invento del mismo demonio. Es muy triste, ¿no? – me respondió. Acto seguido entró el camarero con los encargos y los colocó en la mesa sin articular palabra – Ah, gracias – le dijo ella – en fin, analizando la vacuna he “visto” un posible efecto secundario que me atemoriza – terminó una vez hubiera abandonado el camarero la mesa.

- ¿De qué se trata?

- Pues verás, es probable que la vacuna no sólo inhiba la capacidad de tomar decisiones de las personas que portan el virus, sino que puede ser que el mismo virus tome control absoluto del centro neuronal del sujeto, dejándolo a su merced absoluta y eliminando cualquier rastro de humanidad. No sé si me entiendes.

- Creo que sí – respondí totalmente atemorizado por lo que acababa de oír. ¿Un virus que puede llegar a destruir a una persona convirtiéndola en un cuerpo desalmado que no actúa por sí mismo? Eso ya sin duda era demasiado.

- Pues estoy asustada, como imaginarás. La vacuna puede matar psicológicamente a una persona. Aquellos que sufrieran estos efectos secundarios morirían cerebralmente dejando de tener cualquier control sobre ellos mismos y careciendo de conciencia. El cuerpo lo acabaría domando el virus y bueno, ya conocemos la naturaleza. Con tal de sobrevivir quién sabe  a qué podría recurrir el virus. Intentaría reproducirse para perpetuarse en el tiempo – argumentó, con un tembloroso labio cortado por el frío. Frío como el que recorría cada milímetro cuadrado de mi piel a cada palabra que escuchaba. Todo esto era espeluznante.

- Y, ¿qué piensas hacer? Eso podría ser muy peligroso.

- Pues, creo que ya es demasiado tarde para hacer nada. Este virus de diseño ya existe y está ahí fuera, implantado en al menos cincuenta mil personas. Hoy otras cincuenta mil estarán cayendo.

- Deberíamos hablar con algún superior y advertirle de todo esto antes de que vaya a peor.

- Créeme, lo he intentado. Pero han sido palabras necias para oídos sordos. El virus ya está ahí fuera. Sólo nos queda rezar porque todo esto que digo no se cumpla, que esté equivocada en algo o que, si tengo razón, que al menos los dichosos efectos secundarios no se manifiesten, porque sino mucha gente inocente morirá cerebralmente.

Bajé la cabeza, hundiéndola entre mis hombros. Ahogué la vista en el fondo de mi vaso de whiskey y me quedé absorto en una sarta de puntiagudos pensamientos. Me invadía el miedo. Miedo ante una posible horda de asesinatos que también pesarían en mis hombros. Sinceramente, eso ya es lo que me faltaba, haberme convertido en un maldito genocida con tal de tener pan que llevarme a la boca. Una vez me aprendí de memoria cada una de las partículas de mi copa volví a clavar la mirada en ella, que no había dejado de mirarme en ningún momento.

- ¿Qué piensas de todo esto? – quiso saber, presa de la angustia que flotaba en el ambiente.

- Que es una jodida mierda – respondí de forma seca – esto ya me está afectando demasiado. Debe haber algo que podamos hacer.

- Lo siento mucho, de verdad. Pero ya te he dicho que no es posible hacer nada, llegamos tarde. Es culpa mía, debí darme cuenta antes.

- No, no te culpes – le contesté, con intención de animarla ante su pesar – por mucho que hubieras descubierto, ¿crees que algo les hubiera parado?

- Ya, tienes razón – dijo, escasamente aliviada – voy a hacer una cosa, si no te importa. Voy a enviarte la composición de la vacuna por si quieres echarle un vistazo.

A mí más que un ofrecimiento para compartir información científica me pareció más bien un intento desesperado por buscar una segunda opinión que demostrara que ella erraba en su deducción. Un desesperado intento que curaría en salud su alma, seriamente agraviada por toda la cruel y sádica moral que envolvía a este proyecto.

- Déjame tu correo del trabajo, si no te importa. Voy a anotarlo – me dijo, inclinándose hacia uno de los lados para explorar el interior de su bolso en busca de algo.

Acepté el facilitarle el correo, por supuesto, ya que sabía que no había ninguna clase de trampa en todo esto. Ella era de fiar y además sabía que estaba metida en todo esto.
Metí mi mano en el bolsillo extrayendo un trozo de papel que sabía con certeza que conservaba allí y rápidamente extraje un bolígrafo de mi chaqueta y anoté mi dirección de correo electrónico en el papelito, con la intención de que no tuviera que molestarse ella en encontrar papel y bolígrafo en su bolso. Todos sabemos como es el bolso de una mujer y no quería hacer que perdiera un valioso tiempo en encontrarlo ahí dentro. Pero este gesto mío no pareció agradarle.

- ¡No! ¿Qué haces? ¡No deberías hacer eso! – me gritó alterada, empujando mi mano contra la mesa y con ella el papel, de manera que no pudiera leerse.

- ¿Qué… qué he hecho? – respondí confuso.

- No debes escribir tu dirección en un papel. ¿Y si alguien nos estuviera espiando? Es un asunto gubernamental, ¿quién sabe qué clase de personajillos manejados por peces gordos de otras naciones pueden estar oliéndose algo raro? ¿No recuerdas que estamos aislados del mundo únicamente por un cristal insonorizado? La única forma segura de compartir esta valiosa información es mediante la voz. Además, por algo nos encontramos de espaldas al cristal, ¡ni tan siquiera queremos que se nos puedan leer los labios! Toda precaución es poca, debes tener más cuidado.

- Perdón, no tenía ni idea. Ha sido un despiste. Disculpa.

- No pasa nada, pero ten cuidado, debes andar con pies de plomo. Recuerda que, como todos, juraste confidencialidad. Debes tener miedo de lo que pueda pasarte si rompes ese juramento – me respondió arrebatándome de un tirón el papelito ya plegado de mis viejos dedos – te enviaré el correo nada más volver.

- ¿Qué buscabas en el bolso entonces? Pensé que estabas buscando un papel para que te anotara mi dirección – le dije, aún impresionado por esa inesperada reacción.

- Buscaba una grabadora para emplear una nota de voz como recordatorio – me respondió. En ese momento comprendí lo estúpido que había sido mi error.

- De acuerdo, deberíamos volver ya a nuestros puestos – concluí tras mirar el reloj. No quería tampoco dejar descuidado el control informático demasiado tiempo.

- Deberíamos – me secundó.

Tras levantarnos y pagar nuestra cuenta en la barra, nos dirigimos de nuevo al edificio. Con una serie de “maniobras de distracción” la doctora se aseguró de que por el camino no hubiera ningún indeseado que pudiera seguirnos hasta el edificio. Una vez dentro, volvimos cada uno de nosotros a nuestros puestos de trabajo sin articular más palabra.
Mi estómago, ya caliente por el efecto del whisky, apenas rugió de hambre. Pude continuar unas horas, gracias a esto, sin tener que llevarme algo al gaznate.

La jornada terminó de forma fugaz. Apenas tuve conciencia del paso del tiempo. Trabajé con la mente en blanco. Supongo que se trataría de un mecanismo de defensa para que no me matara todo lo que había oído ese mismo mediodía. No obstante, se lo agradezco a mi organismo.

Tras terminar mi turno y despedirme de Jacobo, abandoné aquel maldito lugar para dirigirme a mi humilde morada. Una vez allí, recordé que no había leído el correo de Alejandra. Se me había pasado por completo, presa de mi  bien recibido blanqueamiento mental. Abrí mi ordenador portátil y tras arrancarlo accedí a los servidores del proyecto, los cuales actúan bajo el nombre de opecs (Odigos Project Exchange between China and Spain). Una vez dentro introduje mis datos personales para acceder a la bandeja de entrada y allí estaba. Bajo el asunto de “Composición” un correo encabezaba mi casi vacía lista de emails. Abrí el correo y examiné el archivo adjunto, aunque esto no me sirvió de mucho. No entiendo mucho del tema y todo lo que estaba leyendo me estaba sonando a chino, ¿cómo podría saber yo que esa combinación de cosas te manipulan el cerebro llegando incluso a invadirlo completamente? No tengo conocimientos de biología así que por mucho que releyera el contenido del archivo, mis ojos iban a estar analizando letras en vano. Decidí memorizar gran parte de los compuestos para preguntarle en una futura charla a la doctora qué clase de efectos tenía cada uno de ellos.

Una vez finalicé sesión, apagué mi equipo y me incliné en mi silla. Volví a cerrar los ojos, como otras tantas largas noches, esta vez lejos de una barra, para pensar en Laura y en la pequeña Silvia. Ahora el miedo que sentía por ellas era mayor, ya que existía la cruda posibilidad de que el virus las matara, convirtiéndolas en unos simples vehículos de carne y hueso para un virus que únicamente busca su propia supervivencia. El miedo fluyó por todas mis arterias y llegué incluso a maldecir a Alejandra por hacerme conocedor de este horrible efecto secundario. Qué feliz (esto es un decir, claro) era yo en mi sola ignorancia.

Impotente me siento, sin duda. Sólo me queda rezar, como dijo la doctora. Rezar porque el mañana que aguarda a la humanidad sea… bueno, dejémoslo en “menos malo”.

Con mis castigados hombros cargando con el peso de una ya afectada parte de la población mundial, me he tumbado en la cama. Mis ojos se pierden en el vacío y ya no sigo con ganas de escribir. La noche va a ser larga, como dijo en este caso el bueno de Jacobo. Aunque en este preciso instante desearía que fuera por el sentido que tomaba en la frase de Jacobo: ahogando mis penas en bebidas destiladas, sin más preocupación que la de tenerme en pie para no lesionarme de gravedad en el cráneo con una gafe caída.

Sólo espero que nos ampare un mañana mejor.

lunes, 14 de abril de 2014

Primeros pinitos con Arduino

Hola a todos. He estado últimamente entretenido con un juguete electrónico que más de uno conoceréis (sobretodo si os dedicáis a temas relacionados con la electrónica, o la ingeniería en general): el Arduino UNO.

No hace mucho tomé la decisión de, visto mi recién descubierto amor por la electrónica, comprar un bichito de estos. La broma me salió barata: unos 30€ me costó un kit de iniciación de Arduino traído desde China. Eso sí, se hizo esperar pero mereció la pena. El kit incluye lo recogido en la siguiente imagen:

Tengo que reconocer que estoy muy satisfecho con esta adquisición. Además, esto se ha convertido en un círculo vicioso, ya que me ha llevado a comprar más cosas relacionadas con este mundillo. Sinceramente, no me arrepiento. Es dinero bien invertido en mi formación y autoaprendizaje, el cual valoro más que el que se me infunde por ser mucho más meritorio. Más adelante, conforme vayan llegando el resto de pedidos, comentaré con más detalle aquello que he comprado.

Ya he estado haciendo mis primeros pinitos, tal y como indica el título del post. Concretamente he realizado los siguientes códigos:

  • Un receptor y conversor de la señal infrarroja enviada por un mando a distancia. Tal y como el que viene con el kit, aunque es igualmente válido para otros mandos a distancia. El objetivo de este sensor es recibir la señal y convertirla en un valor hexadecimal. Dicho valor, adecuadamente traducido, permite al usuario conocer qué botón ha sido presionado para interactuar en función del mismo.
  • Un contador de 0 a 9 segundos mediante un display de 7 segmentos, también incluido en el kit. La función de este código no es otra que la de conocer el conexionado necesario para los diferentes pines del display, permitiendo su “desciframiento”.
  • Una fusión de estos dos primeros programas consistente en un sensor infrarrojo que detecta el número presionado en el mando a distancia para posteriormente mostrarlo en el display.
  • Un programa capaz de reproducir la melodía de “Pueblo Paleta” de los clásicos juegos de Pokémon Amarillo/Azul/Rojo de GameBoy Color. Sin duda una de mis interpretaciones musicales favoritas en la historia de los videojuegos. El programa consiste en una implementación de las diferentes notas musicales que componen el pentagrama de esta canción. Para ello es necesario conocer la frecuencia a la que suena cada una de estas notas para posteriormente implementarlas “manualmente” y disponerlas en forma de secuencia hasta lograr la melodía deseada.

No obstante, entraré en detalle con cada uno de estos programas más adelante. Quizás hasta llegue a estrenar un nuevo apartado, junto con “Diario de un apocalipsis zombie”, “Minecraft: Modo Extremo” y “El Bloc de Wemento”. Proyectos desgraciadamente muy estancados a día de hoy, a excepción del último.

Todo ello combinado con la facilitación de un documento de texto que yo mismo estoy redactando y que pretende ser una guía (rápida) de Arduino. Lo que por supuesto se convertirá en un proyecto libre, de acceso fácil y gratuito para todos aquellos que deseen aprender más de este mundillo.

He de decir, para que sirva de consejo a todos aquellos que quieren iniciarse en este mundo, que Arduino, al ser libre, ofrece un sinfín de posibilidades en cuanto a material disponible en la red. Siempre, se busque lo que se busque, es posible encontrar miles de referencias de personas que han realizado ese mismo código o empleado ese mismo elemento. Además, la propia página de Arduino ofrece una ayuda muy completa tanto para funciones nativas o foráneas como para conexionado físico de la propia placa.

Es un mundo con el que merece la pena explorar por diferentes motivos: es barato (el precio de los LEDs, resistencias, etc es ridículo), es de una utilidad muy polivalente (existe una muy amplia gama de ideas que se podrían llevar a cabo con finalidades determinadas), es sencillo e intuitivo (si se domina ligeramente el lenguaje C++ o se ha trabajado con algún microcontrolador programable en alto nivel) y, por último, es entretenido (emociona mucho ver cómo tu idea inicial se convierte en algo físico que, además, tiene gran cantidad de aplicaciones además de la que previamente has seleccionado para el código).

Por último aconsejo emplear, junto con la herramienta software Arduino (la cual toma el mismo nombre de la placa que programa) una aplicación conocida como Fritzing, libre también. Esta herramienta permite la visualización de diseños en formato físico (una simulación del interconexionado de la propia protoboard con los elementos empleados, entre ellos el Arduino), en formato esquemático y a nivel de PCB. Con ella se pueden realizar imágenes como la mostrada a continuación:

Buzzer_circuito

Esta imagen no pretende otra cosa que servir como guía o recordatorio en un futuro para el interconexionado que debe llevarse a cabo para el correcto funcionamiento del código implementado. En este caso concreto, se trata de la implementación del programa que yo mismo realizé para reproducir mediante un zumbador (o buzzer) la melodía de Pueblo Paleta. Un montaje sencillo, ¿verdad?

No me enrollo más. Próximamente os pondré al día inaugurando una nueva sección además de llevar a cabo una actualización frecuente de mi guía personal de Arduino. Espero que ese día llegue pronto, aunque, os lo digo, en esto sí que estoy avanzando a pasos agigantados.

Salu2

lunes, 24 de febrero de 2014

La mejor imitación de la máscara de Majora hecha a mano

La verdad es que nunca hasta ahora había visto una representación de la máscara de Majora fiel al modelo original del juego bien conseguida. Siempre algunos detalles hacían de esa representación una abominación que prácticamente insultaba a la saga “The Legend of Zelda”. De hecho, hasta ahora, tan sólo daba mi visto bueno a la representación en papel (o modelo papercraft) y el motivo no era otro que su fiel reproducción poligonal al modelo (todo gracias a que Majora’s Mask tuvo una ubicación temporal afortunada y no fue desarrollado en la época del HD y los miles de polígonos). De hecho, sigue siendo a día de hoy la mejor representación, ya que es éste en sí el modelo verdaderamente leal, es por ello que lo eligiera como definitivo para lucir en mi habitación. El problema es que no deja de ser un modelo hecho a papel que siempre es frágil y de débil cohesión entre sus diferentes piezas (pinchos que salen de la superficie de la máscara).

 

Pero hasta el día de hoy no había visto una reproducción hecha en madera tan leal como la que os muestro a continuación. Además, este modelo presume de un gran detallismo, se puede ver que está muy bien elaborada la máscara cuidándose cada detalle y cada textura. Y el vaciado, lejos de ser un proceso sencillo para realizar a mano, está perfeccionado hasta tal punto que se puede considerar una auténtica obra de arte. El detalle de los tornillos, de los que se desconoce su presencia en la mascara auténtica debido al apartado gráfico de la Nintendo 64, deja un acabado impresionante para la parte trasera de la máscara.

 

Hay que reconocer que es complicado obtener la forma real de la máscara contando únicamente con las representaciones gráficas (artworks) y la versión 3D poligonada. Fabricar una máscara en madera a partir de esa escasa información es difícil, pero lograr que ese trozo de madera consiga convertirse en una fiel imitación es aún más complejo.

 

Quizás el único fallo, como puede apreciarse con mayor detalle en las siguientes fotos, sea el resultado final de la pintura. No se trata de los colores, que sin duda tienen una tonalidad adecuada, sino más bien del acabado final de la pintura que muestra una textura poco convincente. Ese resultado de pintura “blanda”, quizás fruto de haber aplicado varias capas de pintura o de haberla pintado con abundante pigmento, quita seriedad a la máscara haciendo que el acabado final sea más “infantil”. Luce como si la hubiera pintado un niño de primaria con unas témperas en clase para regalárselo a su viejo por el día del padre. Me sorprende que el autor se haya conformado con este aspecto final cuando, hoy en día, con pintura pueden llegar a hacerse auténticas virguerías, como las que hacen los modelistas de figuras Warhammer, que aplican cada textura a sus figuras que hacen que uno se quede boquiabierto.

No estoy quitándole mérito, ojo, simplemente quiero resaltar que quizás ese sea el único fallo que haya provocado que no se le pueda dar un diez a esta obra. Observad en las siguientes imágenes a lo que hago referencia:

 

Quizás con una mano de lija fina, desvaneciendo esa textura aunque, por contra, también el color, hubiera quedado mucho mejor esta magnífica pieza. En los pinchos por ejemplo puede verse este efecto que, en mi humilde opinión, da un aspecto mucho más realista a la máscara.

En fin, en resumen he de decir que me ha sorprendido gratamente encontrar un artículo de tal calidad hecho por un aficionado. Con la única pega de la pintura creo que estamos ante una verdadera proeza artística. Y por supuesto tened claro que yo pagaría por tener una de estas (aunque mayor sería mi cifra por aprender a hacerla). Ya sólo me queda ver, por ejemplo, una Espada Maestra fielmente reproducida. Espero que me pueda llevar esa alegría también próximamente.

Bueno y también espero que os haya gustado tanto como a mí.

Salu2

sábado, 22 de febrero de 2014

El Bloc de Wemento. Capítulo 4–Mujer fumando

Buenas a todos, os escribo por primera vez en bastante tiempo. Ya me encontraba deseoso de hacer artístico (dibujar y escribir) y no pude resistir la tentación de hacerlo.

Esta vez vengo con un nuevo episodio del “Bloc de Wemento”, en el cual empleo una nueva técnica no vista hasta ahora en capítulos anteriores. Concretamente el dibujo con tinta china.

Recientemente adquirí por internet un set de tinta, plumilla y bloc de hojas para tinta formato DIN A5. No recuerdo si llegué a comentároslo, pero así es. La página a través de la cual efectué el encargo (con la cual me encuentro muy contento) se llama Totenart. Se trata de una tienda online sita en Valencia, ¡esa gran cuidad!, con una buena gama de productos artísticos y buenos precios (en el caso de compras de varios productos). Esto no es más que un poco de publicidad gratuita que les hace un cliente satisfecho.

Pero volvamos al tema del capítulo 4 de esta serie. Esta técnica, que siempre quise probar, consiste en, una vez dibujado el boceto inicial, remarcar las líneas del mismo por medio de la plumilla. Esta plumilla se moja en la tinta china de tal forma que, por medio de capilaridad, retiene una ligera cantidad de tinta, suficiente como para tintar un trazo de corta longitud en el papel. Con algo de paciencia y precisión se remarca todo el boceto y una vez hecho esto se procede al rellenado de los negros. Cabe destacar que esta técnica es monotono, únicamente emplea el negro como “color”, siendo el blanco la ausencia de tinta. Y por supuesto, luego podrían colorearse los dibujos sin problema alguno.

En el rellenado de los negros se emplean pinceles, cubriendo así grandes superficies. Una vez se rellena el dibujo completo, se procede al borrado de las líneas de boceto, concluyendo finalmente el proceso relativo a esta técnica.

Como veréis el resultado es muy interesante. Ofrece una imagen de gran contraste. Esta técnica se emplea para los cómics que posteriormente (o no) serán coloreados, conservando el negro como sombreado de mayor oscuridad.

Todo esto que os he detallado podréis verlo de manera secuencial en el vídeo de este cuarto capítulo. Tened en cuenta que, literalmente, éste es el segundo dibujo que realizo con tinta china (el primero es éste, donde como podéis ver fracasé estrepitosamente por no agitar la tinta previamente, quedando ésta muy aguada).

El tema del dibujo es el de una mujer con peinado ochentero (¿o setentero?) sentada frente a un interlocutor con el que dialoga, al que mira fijamente mientras el cigarrillo que sostiene entre sus dedos se consume lentamente. Me ha gustado especialmente dibujar los ojos y la mano con el cigarrillo, al igual que el pelo con su brillo. He metido la pata, por imprecisión, a la hora de retintar el labio superior, donde he añadido una sombra de más que quita algo de sentido al dibujo (pierde una profundidad razonable). Además de manchar el dibujo en el lado izquierdo sin ninguna clase de intención, por supuesto, y de haberlo realizado un tanto descuadrado.

Por último, quiero destacar que, en el limpiado de la imagen escaneada se ha perdido algo de calidad del dibujo. Como puede verse, las líneas dibujadas con plumilla se muestran pixeladas, sin suavizado de ninguna clase. Esto era el precio a pagar por resaltar el negro, sin que se viera con la diferencia de tonalidad que le otorgaba el escáner. En mi Deviant podréis ver el dibujo fotografiado, en lugar de escaneado, donde podréis verlo en estado original.

En fin, os dejo con el vídeo. Espero que os guste.

Salu2

Vídeo de este capítulo 4 del Bloc de Wemento